Entrevista Beatriz Giménez de Ory

Ganadora del del IX Premio de Poesía Infantil “Luna de Aire” convocado por el CEPLI

En 2010 recibió el Premio Internacional de Poesía Infantil “Ciudad de Orihuela”, y un año más tarde este Premio de Poesía Infantil “Luna de Aire”, los dos principales galardones en poesía infantil de nuestro país. ¿Significa esto que le tiene tomada la medida a los versos para niños?

R:
De los versos para niños podría decir, con Garcilaso: “Yo no nací sino para quereros. Mi alma os ha cortado a su medida, por hábito del alma misma os quiero”. Pero también es verdad es que cada poemario infantil (he escrito cuatro) sale muy distinto del anterior. Si tuviera la fórmula para escribir versos… malo, malo.

¿Por qué esta dedicación a la poesía infantil?

R:
Escribía relatos para adultos, pero con mucha autoexigencia, andaba muy bloqueada. Tanto, que me dije: voy a empezar desde el principio, escribiendo para recuperar mis sensaciones como lectora niña. Porque es en la niñez cuando la lectura proporciona hallazgos deslumbrantes. Escribo por puro placer, como en la infancia leía por puro placer.

El libro que hoy se presenta tiene un personaje principal que le da, además, nombre al título: Garciniño. ¿Quién es Garciniño?

R:
Es un niño que tiene que ir a la guerra. Se resiste: prefiere trillar el trigo, tejer, cantar… pero no logra disuadir a sus padres. Y vuelve después de veinte años no con un botín de guerra, sino con “camisas holandesas, panes que quitan el hambre, risas y canciones nuevas”. Son estas canciones nuevas las que conforman el poemario.

¿Su descripción, en el primer poema, es toda una declaración de intenciones para prevenir al lector de que lo que sigue no es un romancero “al uso”?

R:
El pasado y el presente están imbricados. Hay muchas reminiscencias medievales: el nombre de Garciniño, los metros de los poemas, la rima asonante, romances novelescos con final abierto… Pero la Edad Media es un periodo tan amplio y tan remoto que se nos antoja legendario, como el de los cuentos de hadas. Es un tiempo indefinido que puede poblar cualquier niño. No es un romancero “al uso” porque está escrito en el siglo XXI y porque está dirigido sobre todo a los niños.

Esta obra es un homenaje a la lírica popular tradicional y, de manera muy especial, al romancero, ¿puede compartir con nosotros qué le animó a escribirla?

R:
Al principio, pensaba escribir un poemario sobre metamorfosis. De hecho, en casi todos los poemas se da una transformación más o menos mágica: un mago convierte a tres princesas en guisantes, una amapola se vuelve mariposa… Pero, aunque tenía como referencia las Metamorfosis de Ovidio, no me salieron poemas en hexámetros latinos (¡menos mal!), sino en octosílabos, casi siempre. Luego escribí el poema de Garciniño, y me di cuenta de que el poemario ya estaba encaminado: era este niño medieval el que traía consigo el resto de las canciones, que de manera natural surgieron en verso corto arromanzado.

Precisamente por su semejanza con esta poesía tradicional, encontramos palabras y expresiones que posiblemente serán poco conocidas por los jóvenes destinatarios de su obra: avecica, siete doblones, cristiano nigromante, azahar… ¿esta dificultad, a primera vista, por la compresión del texto por los niños, esconde alguna ventaja para su formación como lectores?

R:
Creo que sí. Son palabras dentro de un contexto muy claro y esto hace posible inferir el significado casi siempre: “Avecica que vuelas”, “Yo te compro este niño, chocolatero/ te doy siete doblones y diez dineros”. Si no, están los padres, o los educadores, para echar una mano. Estos pequeños escollos en la lectura son un estímulo para aprender. Cuántos niños hay con un léxico asombroso sobre navegación (porque les fascinan los piratas), o sobre los dinosaurios o las estrellas.
Por otro lado, el niño muy pequeño, acostumbrado a que muchas palabras del discurso común se le escapen, se queda satisfecho con el ritmo del poema y con la sonoridad de las palabras. Mi hijo de tres años recita el poema de “Las princesitas guisantes” y dice lo del cristiano nigromante de corrido (eso sí, poniendo cara de malo).

En la obra podemos encontrar también textos que podrían servir de cantilena a cualquier juego infantil, como “rueda, rueda” o “llueva que llueva”, ¿qué importancia tiene el juego en su poesía?

R:
Mucha. Gran parte de nuestro acervo poético está en los juegos. En los largos recreos de la tarde (me quedaba a comer en el colegio), las niñas cantábamos mientras jugábamos a las palmas, la cuerda, la goma, en corro o dispuestas en dos filas enfrentadas. Canciones que eran puro ritmo, casi siempre absurdas:”un mosquito me picó/ le cogí de las orejas/le tiré por el balcón” y que nos integraban mágicamente en el grupo.

Y ese aspecto lúdico del lenguaje también aparece en la creación e invención de nuevas palabras, a veces juegos de sonidos, como pirulín, pitigüela o petalosalas… ¿cómo valoras el aspecto creativo y lúdico de la literatura?

R:
Está claro que el lenguaje no solo sirve para las comunicaciones prosaicas. Hay que “desautomatizarlo”, como decían los formalistas rusos, y el juego es una manera excelente de propiciar la creatividad.

Queda, pues, claro, que la literatura para el niño debe huir de los tópicos, ya superados generalmente, de la sencillez y simplicidad. Buena prueba de ello son las metáforas con la que ilustra varios de sus poemas, como esta de “El niño y la lavandera”: Cuando Marta vuelve a casa/ lleva el río en la muñeca:/ una pulsera de plata, / que es agua del río quieta. ¿Qué otro tipo de recursos estilísticos emplea más frecuentemente en sus poemas?

R:
En Canciones de Garciniño, los principales recursos estilísticos tienen que ver con el ritmo. Además del número de versos y de la rima, utilizo enumeraciones, anáforas, paralelismos … Creo que es un poemario para ser declamado, antes que leído en voz baja, de ahí que presente rasgos propios de la oralidad, como diálogos, oraciones exclamativas e interrogativas… También aprovecho otros recursos propios de la lírica tradicional: los finales abruptos, cierta imaginería del romancero: reinas, torres, ríos, fuentes…
En otros poemarios he utilizado juegos de ingenio más propios de la poesía visual : caligramas, acrósticos, ovillejos.

¿Qué cree que diferencia a la poesía infantil de la poesía de adultos?

R:
Por parte de quien la escribe, tal vez una sensibilidad especial hacia el mundo infantil. Desde un punto de vista más teórico, la literatura para niños tiene convenciones de género propias: la edad del receptor y la forma de transmisión condicionan la elección de ciertos temas, que los textos sean breves, mayor presencia del ritmo, de lo absurdo, de la fantasía… Pero lo que no debe diferenciarla de la poesía para adultos es la calidad: la poesía infantil no es, en ningún caso, poesía adulta adaptada, o reducida o sembrada de diminutivos ñoños.

¿Qué posibilidades ofrece la poesía infantil para la animación y promoción de la lectura?

R:
Tiene muchos elementos atractivos: que suele ser un acto colectivo e integrador, que se sirve del ritmo y el juego, que permite ser musicada, percutida, bailada, recreada mil veces. Además, cuando el niño la memoriza, la hace suya.

¿Qué opina sobre el panorama actual de la edición de poesía para niños?

R: Ha mejorado enormemente, como ha hecho, en general, la edición de literatura para niños. Aunque sigue siendo minoritaria, hay editoriales que se atreven a publicar poemarios para niños: CEPLI, Hiperión, Anaya, Everest, Edelvives, Kalandraka…

 

2016-11-08T13:38:37+00:00 julio 3rd, 2012|Noticias|Sin comentarios